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La lección no es sobre inversión. Es sobre bucles que no se frenan solos.

El Banco Central Europeo publicó hace unos días un aviso en un tono «poco habitual».

Cinco economistas de esta institución firmaron un informe titulado, sin rodeos, «El boom de la IA: ¿entusiasmo racional o la próxima burbuja puntocom?» (así, sin paños calientes).

La cifra más mencionada ha sido: los hogares de la zona euro tienen 440.000 millones de euros invertidos en las «Siete Magníficas». Si se suman aseguradoras, fondos de pensiones e instituciones financieras, la exposición europea roza el billón de euros.

Pero, el dato que a mí me interesa no es el del billón. Es la frase que va justo después: el margen que tiene Europa para amortiguar una corrección es «notablemente menor» que el que tenía durante la crisis puntocom. Los Estados ya gastaron buena parte de su munición fiscal en la pandemia y en la crisis energética. Los tipos de interés no tienen tanto recorrido a la baja como durante el año 2020. Si esto no se corrige, hay menos «colchón» que la última vez.

Un bucle que se alimenta a sí mismo

Esto es, en el lenguaje de Donella Meadows, un bucle de refuerzo sin frenos.

Más inversión empuja las cotizaciones al alza, la subida de las cotizaciones justifica más inversión y más inversión vuelve a empujar las cotizaciones hacia arriba.

Nadie dentro del bucle está actuando de forma irracional: el BCE es tajante en eso. Quien compra sabe que puede estar comprando el próximo Google, y también sabe que puede perder todo su dinero. El problema no es la decisión individual. Es que el sistema no tiene, todavía, un freno que lo module.

En los sistemas que estudiaba Meadows, un bucle de refuerzo puro no se detiene sólo, necesita un límite: un freno, un techo de recursos, un bucle de balance que lo compense. Cuando ese freno no existe, o llega tarde, el bucle crece hasta que algo externo lo para por «las malas»,  y esa parada suele ser más brusca cuanto más tiempo lleve el bucle acelerando sin oposición.

Es exactamente lo que describe Bloomberg en su publicación del 22 de agosto: la pregunta ya no es si el mercado de inteligencia artificial está en el terreno de una «burbuja» (los indicadores apuntan todos en la misma dirección) sino, cuándo llegará el ajuste, y si va a ser en 2027 o antes.

No hace falta gestionar una cartera de acciones para reconocer este patrón. Hace falta, simplemente, haber dicho que sí demasiadas veces seguidas.

El mismo bucle, a escala de «pequeño negocio»

A escala de un negocio pequeño, el bucle tiene la misma forma, sólo que sin bancos centrales avisando. Un cliente nuevo justifica ampliar el equipo. El equipo ampliado permite decir que sí a más proyectos. Más proyectos generan más ingresos, más visibilidad y más oportunidades entrando por la puerta.

Cada «sí» alimenta las condiciones para el siguiente «sí». Y en algún punto de ese bucle (casi nunca es al principio ó, casi siempre demasiado tarde) deja de estar claro qué es lo que hace diferente al negocio del que arrancó, o para quién trabaja realmente.

El bucle de refuerzo, en esto, no distingue el tamaño. La diferencia entre el BCE preocupado por 440.000 millones de euros y un negocio preocupado por si le terminó bien su última entrega, no es la mecánica de funcionamiento: es que uno tiene cinco economistas vigilando el sistema desde fuera, y el otro sólo se tiene a sí mismo, dentro del bucle, sin perspectiva para verlo mientras ocurre.

Pueblos Remotos: intentar crecer en varios sitios a la vez, casi nos hizo perder el criterio

Lo he vivido de cerca con Pueblos Remotos, el proyecto que cofundé en 2021 y dentro del que he actuado, principalmente, como responsable de estrategia digital.

En un momento dado, nos encontramos «creciendo» en varias localizaciones al mismo tiempo. Cada nueva ubicación que se sumaba generaba interés en la siguiente, y ese interés generaba presión para no dejar pasar la oportunidad de abrir una más. El bucle funcionaba exactamente como el que describe el BCE: cada paso reforzaba las condiciones para dar el siguiente paso, y nadie dentro del bucle se estaba parando a preguntarse si todas esas ubicaciones tenían sentido con lo que hacía diferente al proyecto desde el principio.

La actividad se multiplicaba. Lo que no se multiplicaba al mismo ritmo era la claridad sobre qué estábamos construyendo y por qué. Fue necesario parar: Entender de verdad qué nos hacía diferentes antes de seguir sumando localizaciones, Pautar un criterio explícito para decidir dónde sí y dónde no, y sólo entonces volver a Accionar con ese criterio como bandera, en lugar de con el impulso del bucle.

El «crecimiento» en sí no era el problema. El problema era crecer sin haber puesto, antes, un freno propio al bucle (el mismo freno que el BCE echa en falta hoy a escala europea).

El criterio es el freno que el bucle no trae de serie

Ningún bucle de refuerzo viene con freno incorporado. Eso vale para un mercado de un billón de euros y vale para un negocio con tres clientes. El freno hay que ponerlo desde dentro, y ponerlo antes de que el bucle lleve tanto recorrido que pararlo salga caro, como advierte el propio BCE sobre una corrección en la que Europa tiene menos colchón para absorber que el que tenía hace veinticinco años.

Si algo en tu negocio lleva tiempo creciendo sólo porque cada paso genera el siguiente paso, vale la pena hacerse la misma pregunta que llevó a Pueblos Remotos a parar: ¿qué es lo que nos hace diferentes, y sigue siendo verdad después de todo lo que hemos sumado?


Fuentes: Banco Central Europeo, «El boom de la IA: ¿entusiasmo racional o la próxima burbuja puntocom?» (blog del BCE, 17 de agosto de 2026), vía cobertura de Moncloa.com. Bloomberg Opinion Today, «When Will the AI Stock Bubble Burst? 2027 – or Sooner» (bloomberg.com, 22 de agosto de 2026) — artículo con acceso restringido por paywall; citado únicamente en base a su titular y entradilla pública, verificados en la fecha de redacción de este post.

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