Productividad

Cómo el burnout nos hace menos creativos

El burnout, esa enfermedad silenciosa que además de nuestra productividad, mata también nuestra creatividad.

Seguramente no es la primera vez que escuchas, o lees, acerca del término burnout, que podríamos traducir al español como terminar quemado o agotado.

Tampoco es la primera vez que te menciono el término en este blog, ya que es algo que está muy vinculado con la productividad y con el teletrabajo.

Hoy traigo este término de vuelta gracias a una charla TED que pude ver hace unas semanas: “How burnout makes us less creative” (cómo el burnout nos hace menos creativos) Dentro de la misma, *Rahaf Harfoush*, nos da su punto de vista, y muchos datos curiosos, acerca de la productividad, la creatividad y el agotamiento.

El burnout, una enfermedad silenciosa

Veo coherente, antes de hablar de la relación creatividad-burnout, o sobre cómo el hecho de estar agotados mentalmente, mata nuestra creatividad, hablarte un poco más sobre este síndrome.

El burnout no es una enfermedad nueva, a pesar de que haya aparecido en los medios de forma más reciente y sobre todo a raíz de la pandemia de la COVID-19. De hecho, es una enfermedad muy vinculada con el estrés y la ansiedad, enfermedades que dicen padecer, de forma aproximada, más del 50% de la población española (Fuente: INE 2021)

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha incluido a este síndrome dentro de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Relacionados, documento que entrará en vigor en el año 2022.

Los síntomas del burnout son muy similares a los experimentados en situaciones de alto estrés o ansiedad: fatiga, cansancio, dificultad para concentrarte, desmotivación, insomnio e incluso, en algunos casos, pérdida de pelo o aumento de peso.

Estar quemado es un síntoma claro de no estar haciendo algo bien, sé que suena a algo completamente coherente y lógico, pero en determinadas ocasiones, podemos confundir, o no identificar, que estamos sufriendo este síndrome de término anglosajón.

¿Por qué solemos terminar quemados?

 

El burnout, o más bien sus síntomas, puede aparecer por muchos motivos, pero coincidiendo al cien por cien con Rahaf Harfoush, creo que está muy vinculado con nuestra obsesión por ser productivos de forma constante:

“Hemos intentado adaptar un sistema productivo industrial [que es más sencillo de medir] a un sistema productivo vinculado con el mundo del conocimiento y la creatividad [mucho más complejo de medir]”

Esto, unido con la obsesión u obcecación por hacer más cada día, nos ha llevado a sentirnos frustrados con nuestros resultados, y por ende, a ampliar nuestras jornadas de trabajo hasta términos insostenibles.

La premisa del sueño americano en la forma de “si no lo has conseguido, es porque no te has esforzado lo suficiente”, sólo ha alimentado aún más este problema.

A todo ello se suman también los mecanismos de control que establecen muchas empresas (o como freelance, que nos establecemos nosotros mismos): control de tiempo, mecanismos de vigilancia, índices de rendimiento incoherentes o establecimiento de horas extras sin control.

Para poder responder a todo ello de una forma “coherente”, llenamos nuestros días con incontables reuniones, llamadas, plazos de entrega imposibles o estiramos nuestras horas de “productividad” hasta altas horas de la noche. Lo que termina ocasionando, a medio o largo plazo, unos niveles de fatiga que afectan a nuestra salud física y mental.

Productividad y creatividad, una relación complicada, pero no imposible

 

Intentar vincular los términos productividad y creatividad siempre supone un problema al que se enfrenta la “industria” del conocimiento. Sobre todo porque el proceso de ser creativo, en muchas ocasiones, puede chocar frontalmente con la productividad.

La creatividad está más relacionada con la espontaneidad, con espacios de tiempo para pensar, reflexionar e incluso, aburrirnos. Darle oxígeno o una ventana de inactividad a nuestro cerebro es lo que propicia que nos surjan ideas más creativas, o al menos, que se potencie el germen de las mismas.

En mi caso personal, por ejemplo, suelo tener algunas de las mejores ideas sobre un post, un podcast o incluso una estrategia en la que estoy atascado, cuando salgo a correr. Esos momentos de esparcimiento nos ayudan a liberarnos de determinados estados de ansiedad, de mirar el reloj o el calendario constantemente, o de tener que tachar una serie de tareas de una lista a lo largo de nuestro día.

El problema, vinculandolo con la productividad y cómo nos dice también Rahaf, es que esto choca frontalmente con la narrativa cultural del trabajo o en otras palabras: las historias que como sociedad nos contamos sobre el éxito y sobre qué se requiere para lograrlo

Aunque en “términos de productividad”, parezca algo absurdo, descansar, desconectar al cien por cien, o disfrutar de nuestras vacaciones, nos hace infinitamente más productivos que trabajar sin descanso y de forma permanente.

Para intentar paliar este problema, o al menos ayudar lo máximo posible, es esencial encontrar nuevos mecanismos que nos ayuden a estimular la creatividad y a re-entender la productividad en el campo del conocimiento.

En este sentido, la solución que propone Rahaf Harfoush tiene todo el sentido del mundo y es algo con lo que me siento profundamente identificado: hacernos preguntas y construir así nuestra propia identidad laboral. Preguntas tan básicas y tan lógicas como ¿Estar ocupado te hace sentir que vales?, ¿a quién consideras un ejemplo de éxito? o ¿de dónde vienen tus ideas sobre la ética del trabajo?

Hacerse preguntas es probablemente uno de los ejercicios más sanos y coherentes que existen, al tiempo de que nos pueden ayudar a poner en marcha mecanismos que ni siquiera teníamos contemplados, como, por ejemplo, métodos como el Ikigai (dónde además de hacer algo para ganarnos la vida, le damos sentido a nuestra propia vida con lo que hacemos para ganárnosla)

Otra cuestión que puede servir de ayuda, y que siempre suelo recomendar, es conocer nuestro ciclo circadiano, si no sabes de que te hablo, te recomiendo el libro de Daniel H. Pink: *¿Cuando?*, que nos ayuda a identificar cuáles son nuestras mejores horas (las nuestras, no las de los actores o empresarios de éxito) para desarrollar labores creativas o labores más rutinarias.

Para cerrar el post voy a volver a parafrasear a Rahaf, ya que creo que la última frase que transmite en el video tiene una contundencia importante, y además, deja un cierre de lujo:

No somos máquinas, y pienso que es hora de dejar de trabajar como máquinas.

Carlos Jonay Suárez Suárez

Carlos Jonay Suárez Suárez

Soy un apasionado del mundo de la estrategia digital, de crear proyectos con gente que mola y de gastar suela en las montañas.

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