Funmusic, Juntalia, Crowdacy, La Laguna Media Lab, Red de Innovación Social, The Wall Factory, Talleres al Cubo, Canarias Vende Online, Tueventoconapp, ACEC, DNExp, Escuela de Trabajo Remoto ó The Remote Books.
Esa es, más o menos, la lista de «fregados» (como me gusta llamarlos) en los que me he metido desde que salí de la universidad en 2011. Durante mucho tiempo, pensé que esa lista era un problema. Que debería haberme «asentado» antes en algo concreto, que saltar de proyecto en proyecto era dispersión, falta de foco, quizá hasta un poco de miedo a comprometerme con una sola cosa. Hace años encontré un nombre para lo que me pasa, y hoy lo rescato, porque no es el que yo mismo me había puesto.
Un nombre para lo que no tenía nombre
La consultora de talento Arancha Ruiz llevaba tiempo observando un patrón: personas con un hambre feroz de aprender que eligen, una y otra vez, el mismo tipo de trabajo. Al principio lo llamó «adicción al aprendizaje». Después, con matices, lo rebautizó como el síndrome del explorador (Mar Abad, Yorokobu, 2019).
Tres rasgos del artículo me sirvieron de espejo:
- Odian las etiquetas. Esa profesión escrita en la tarjeta de visita que te encierra en una sola cosa para siempre.
- Aman los comienzos. La fase de arranque, el punto de partida, el «voy» cuando alguien dice la palabra nuevo.
- La exploración no es un medio, es el fin. No es el camino hacia otra cosa. Es la cosa en sí.
Ruiz lo resume así: «la exploración no es un medio; es el fin». Leí esa frase y entendí, de golpe, por qué nunca me sentí del todo cómodo cuando algo empezaba a ir «demasiado bien» y, en teoría, tocaba quedarse para «mantener».
Mi propia versión del patrón
Cuando miro mi trayectoria desde esa óptica, deja de parecer una lista desordenada de proyectos sueltos y empieza a aparecer una lógica: Funmusic me metió en el mundo digital, casi, desde cero. Dymweb (2015-2019) me enseñó a construir una «agencia». Pueblos Remotos me llevó a un territorio (la ruralidad conectada) que no tenía nada que ver con todo lo anterior que había hecho. Y en medio de todo eso, formación, comunidades, podcasts ó un research territorial en Italia este mismo año. No hay un hilo conductor de «sector» o de «herramienta». El hilo conductor era yo, buscando el siguiente comienzo.
Durante años interpreté eso como inconstancia. Ahora lo interpreto como lo que probablemente es: un rasgo real, con ventajas reales: ver conexiones donde otros ven compartimentos separados, adaptarme rápido, no aferrarme a una sola forma de hacer las cosas y con un precio real, que es el que toca pagar si nadie le pone estructura.
El matiz que nadie te cuenta (y que a mí me costó aceptar)
El propio artículo lo deja caer, y algunos de los comentarios del reportaje lo confirman desde la experiencia: el explorador puro, sin más, tiene un problema. Empieza con una energía brutal y le cuesta muchísimo cerrar, sostener, ejecutar hasta el final. «Odian los procesos», dice el artículo, y es verdad. El problema es que ningún proyecto sobrevive sólo de los comienzos. Yo lo sufrí en primera persona. Y la salida no fue «dejar de explorar» (eso habría sido mentirme), sino ponerle una estructura a la exploración que no la matara. Esto es, en el fondo, lo que terminé llamando Método EPA (Entender, Pautar y Accionar) en mi forma de trabajar: la fase de Entender es puro síndrome del explorador, encantado de meterme a fondo en un problema nuevo. Pero, Pautar y Accionar son la disciplina que un explorador necesita para que esa curiosidad se convierta en algo que de verdad cambia las cosas, y no sólo en otro comienzo más. No es una contradicción con quien soy. Es la forma en la que le di un «cauce» a quien ya era.
Si te reconoces en esto
Si has llegado hasta aquí y una parte de ti ha pensado «esto me pasa a mí», probablemente no tengas un problema de constancia. Tengas, como yo, un patrón que necesita algo que lo sostenga sin apagarlo. Si te apetece ver cómo se ve esto contado con más detalle, con nombres y fechas concretas, puedes leer mi historia completa aquí.
Fuente: Mar Abad, «El síndrome del explorador: ¡No puedo parar de aprender!», Yorokobu, 26 de septiembre de 2019. Declaraciones de Arancha Ruiz. Leer artículo completo.



