En abril de 2016 escribí una primera versión de este blog post.
Hablaba de un blog sobre economía ecológica que había cerrado tres años antes, de un laboratorio urbano que se había quedado «arrinconado», de una asociación de espacios colaborativos que acababa de nacer. Diez años después, releo aquello y me reconozco perfectamente: sigo pensando que los proyectos personales son uno de los motores más honestos que existen. Lo que ha cambiado es todo lo demás.
Así que esta no es sólo una actualización. Es una forma de enseñarte, con mis propios proyectos como hilo conductor, qué se sostiene diez años después y qué no. Porque si algo he aprendido es que un proyecto personal no se juzga solamente por si sobrevive: se juzga por lo que te deja cuando termina, incluso cuando ese «termina» llega antes de lo que esperabas.
Vamos con las 6 razones. Cada una, con su versión de 2016 y su versión actual.
1. Realización personal
Un proyecto personal casi nunca nace para ganar dinero, o conseguir mejores clientes. Nace porque quieres aportar algo que va más allá de eso.
- Lo que hacía hace 10 años: mi primer proyecto personal se llamó «El despertar de las conciencias», que después pasó a ser Economic Change Opportunity (ECO), un blog sobre economía ecológica y economía del desarrollo que llevé junto con cuatro compañeros. Cerramos en abril de 2013, después de más de dos años dando tecla. No fue un fracaso: fue el momento en que dejó de tener sentido seguir, porque otros proyectos mayores empezaban a pedir mi tiempo.
- Lo que hago ahora: esa misma sensación de realización personal es la que sostiene hoy Pueblos Remotos, el proyecto de ruralidad conectada que cofundé en el año 2021. No es una casualidad que sea, con diferencia, el proyecto personal que más me ha devuelto en aprendizaje directo sobre estrategia digital aplicada a territorios reales, no sobre una hoja de cálculo, sino sobre el terreno.
2. Networking
Prácticamente, todos los proyectos personales en los que me he involucrado me han servido para conocer a gente que ahora forma parte de mi entorno profesional, y muchos de ellos también del personal.
- Lo que hacía hace 10 años: colaborar con TEDx La Laguna y cofundar la ACEC (Asociación Canaria de Espacios Colaborativos) me abrieron puertas que en su momento no calculé del todo. Diez años después, ambas siguen activas, y varias de las personas que conocí allí siguen en mi radar profesional.
- Lo que hago ahora: ese networking se ha vuelto más internacional y más específico. A través del trabajo remoto y la ruralidad conectada he llegado a proyectos como repeople (antes Nomad City) o Tenerife Work&Play, y a programas europeos como el que me llevó hasta Gorizia (Italia) para el proyecto GO Innovation 2026. El networking ya no es «conocer gente en un evento»: es construir una red que termina abriendo proyectos de research internacional.
3. Capacitación
Los proyectos personales te obligan a aprender haciendo, sin red de seguridad.
- Lo que hacía hace 10 años: ECO fue mi introducción al mundo de WordPress. Economíatic, del amigo Alejandro Gorrín, me ayudó a mejorar mi redacción y a seguir una metodología de gestión de contenidos estructurada. Y un proyecto de fotografía personal me obligó, literalmente, a coger la cámara y mejorar.
- Lo que hago ahora: esa misma lógica de «aprender haciendo» es la que sostiene Dando Tecla, mi newsletter en Substack, y Pulsa el Botón, mi podcast. Ya no aprendo WordPress básico: aprendo a estructurar conversaciones, a editar audio y vídeo, a sostener una línea editorial en el tiempo. El nivel de exigencia ha subido, pero el mecanismo es idéntico al de 2016: te metes en un «fregado» y sales sabiendo algo que no sabías.
4. Afrontar nuevos retos
A veces un proyecto personal te empuja a soñar más grande de lo que tenías planeado.
- Lo que hacía hace 10 años: puse en marcha Laguna Media Lab, pensado como un laboratorio urbano abierto para la ciudadanía de La Laguna. Llegó a tener más de 200 personas interesadas en su comunidad, y hoy, honestamente, es de esos proyectos que se quedaron por el camino. Lo cuento sin dramatismo: en mi propia web lo describo como parte del «aprender haciendo» que me trajo hasta aquí.
- Lo que hago ahora: el reto grande de esta década ha sido apostar por la ruralidad conectada con Pueblos Remotos, y más recientemente afrontar programas de research territorial internacional. Cuatro semanas de trabajo de campo en la frontera ítalo-eslovena para GO Innovation 2026 es, sin duda, de las cosas más retadoras que he encarado en años.
5. Knowledge
El saber no ocupa lugar, y los proyectos personales son de los pocos sitios donde accedes a conocimiento que tu entorno profesional directo no te da.
- Lo que hacía hace 10 años: mi paso por Red de Innovación Social y por TEDx La Laguna me dio una perspectiva sobre economía colaborativa y comunicación de ideas que en ese momento no encontraba en ningún cliente.
- Lo que hago ahora: ese mismo tipo de conocimiento «que no viene del entorno profesional directo» es justo lo que estoy explorando ahora con mi interés en Complex Problem Solving (CPS) y en una posible vía académica hacia investigación y antropología aplicada a la estrategia. El patrón se repite: primero llega como curiosidad personal, después se convierte en una capacidad profesional diferencial.
6. Completar tu LinkedIn
Un poco de postureo, sí. Pero también es cierto que un perfil profesional con proyectos personales demuestra actitudes y aptitudes que un CV convencional no muestran, y te conecta con perfiles afines dentro de la red.
Esto, en realidad, es lo único de la lista que no ha cambiado nada en 10 años. Sigue siendo así de simple: mi LinkedIn hoy no está lleno de cargos, está lleno de proyectos. Y eso sigue funcionando exactamente igual que en 2016.
Lo que se sostiene y lo que no
Si comparas las dos columnas, hay un patrón que no esperaba encontrar tan claro: los proyectos personales que sobreviven diez años no son los que «mejor pintaban» al principio. ECO tenía más estructura que Pueblos Remotos en sus primeros meses. Laguna Media Lab tenía más comunidad inicial que la Escuela de Trabajo Remoto. Lo que marcó la diferencia no fue el arranque, fue si el proyecto seguía conectado con algo que de verdad me importaba a mí, no sólo con una tendencia del momento.
Esa es la razón de fondo por la que sigo defendiendo tener proyectos personales, y por la que creo que «quiero crecer pero, sin perder lo que me hace diferente» no es sólo una frase bonita: es, literalmente, lo que separa un proyecto que dura diez años de uno que dura diez meses.
Si tienes un proyecto personal dando vueltas en tu cabeza y no sabes si merece la pena arrancarlo, o si el que ya tienes se ha quedado sin rumbo, hablemos. Es exactamente el tipo de conversación que más me gusta tener.



