El 66% de los directivos teme quedarse atrás. Menos de la mitad decide con la IA. Ahí está el problema.
Dos tercios de los directivos de empresas creen que si no escalan la inteligencia artificial tan rápido como su competencia, van a perder oportunidades estratégicas y ventaja competitiva.
Este dato sale de un informe reciente de Capgemini, y a estas alturas no creo que le sorprenda a nadie: el miedo a quedarse atrás con la IA lleva dos años instalado en cualquier comité de dirección.
Lo que sí me sorprendió fue otro dato. Según otro informe, este de Akamai, solo el 56% de los directivos de alto nivel usa realmente la IA para apoyarse en decisiones estratégicas de forma activa. En España, ese porcentaje baja al 44%.
Un 66% tiene miedo y menos de la mitad decide con criterio apoyándose en la IA. Ese espacio entre el miedo y el uso real tiene nombre, y no es «falta de tecnología ó digitalización», es un patrón que ya he visto antes en consultoría: saben lo que quieren, pero no consiguen ejecutarlo.
¿Por qué el miedo mueve más cantidad de presupuesto que el criterio?
Porque el miedo paraliza a la hora de actuar, o mata la acción. El criterio, necesita movimiento, arriesgarse y tomar decisiones, en ocasiones, arriesgadas.
El mismo informe de Capgemini recoge que las empresas van a destinar de media un 5% de su presupuesto anual a iniciativas de IA en 2026 (el 4% si nos situamos en España), frente al 3% del año pasado. El presupuesto sube pero, la pregunta es si sube porque hay un plan, o porque hay pánico a no estar en en el «momento».
Los propios datos de Akamai lo confirman desde otro ángulo: solo el 41% de los directivos (el 36% en España) tiene un nivel de confianza superior a la media en la IA para tomar decisiones ejecutivas. Y apenas el 1% de los CXO (Chief Experience Officer) cree que la IA podría tomar decisiones estratégicas de forma autónoma en los próximos tres años.
No es rechazo a la tecnología, es que todavía no hay un sistema de decisión construido alrededor de ella.
Esto es exactamente lo que llamo «saltarse el Entender para llegar directamente al Accionar» dentro del Método EPA.
Se compra la herramienta, se activa el piloto, se anuncia la iniciativa de IA en el comité… y no se ha dedicado ni una hora a definir qué decisión concreta se supone que esa IA va a mejorar, con qué datos, y con qué criterio.
¿Qué diferencia a las empresas que sí deciden con IA?
El propio informe de Akamai da una pista útil: los sectores con más madurez digital (high tech, banca, seguros o telecomunicaciones) usan a la IA de forma activa en decisiones estratégicas, por encima del 60%, y eso está muy por encima de la media global.
No es casualidad. Son sectores que ya tenían procesos de decisión relativamente estructurados antes de que llegara la IA. La IA no les dio «ese criterio»: amplificó el que ya tenían. Y ese es el matiz que casi nadie dice cuando habla de «la adopción de IA»: la IA no resuelve la falta de sistemas de decisión, la expone.
Si una empresa no tenía claro quién decide qué, con qué datos y bajo qué checkpoints, meter IA de por medio no ordena nada. Añade una capa de sofisticación tecnológica encima del mismo caos de siempre. Y ahí es donde aparece el segundo dato incómodo del informe: casi dos tercios de las empresas ya han empezado a pausar proyectos de IA de bajo valor para concentrarse en áreas de alto impacto.
Traducido: muchas ya se dieron cuenta de que estaban ejecutando sin haber entendido primero cuáles eran los objetivos a conseguir.
¿Qué hacer si reconoces este patrón en tu empresa?
Antes de aprobar el siguiente presupuesto de IA, o de escalar el piloto que ya tienes en marcha, hay tres preguntas que casi nunca se hacen por escrito, y que deberían responderse antes de mover un euro más:
- ¿Qué decisión concreta va a mejorar esta inversión en IA? No «mejorar la eficiencia» en abstracto. Una decisión específica, recurrente, con un responsable bien identificado.
- ¿Con qué criterio se va a medir si esa decisión mejoró algo? Si la respuesta es «lo sabremos cuando lo veamos», no hay un sistema todavía. Hay una expectativa.
- ¿Quién tiene autoridad real para frenar la iniciativa si los datos dicen que no funciona? El 1% de CXO que confía en que la IA decida sola no es el problema, el problema es no tener a nadie humano con un mando claro para decidir con, o sin IA.
Si no puedes responder a las tres con precisión, no tienes un problema con la tecnología, tienes un problema de ejecución sin sistema, que es justo el terreno donde trabajo con mis clientes: no vendiendo inteligencia artificial como servicio suelto, sino construyendo el criterio de decisión sobre el que la IA (y todo lo demás) se apoya después.
La pregunta que de verdad importa
El 66% de los directivos que teme quedarse atrás no está equivocado en el diagnóstico. La IA sí está cambiando las reglas. Lo que está mal calibrado es la respuesta: reaccionar con más presupuesto y velocidad a un problema que se resuelve con estructura y criterio.
La pregunta no es si su empresa está invirtiendo suficiente en IA. Es sí, cuando la IA le da una recomendación, hay alguien en su empresa que sepa exactamente qué hacer con ella, por qué, y qué pasa si se equivoca.
Fuentes: informes «La ventaja de la IA a largo plazo» y «Cómo la IA está transformando silenciosamente las decisiones ejecutivas» de Capgemini, e informe de Akamai sobre IA en decisiones ejecutivas, ambos recogidos por MuyCanal, 24 de agosto de 2026.



